EL PASTO QUE QUISO SER GIGANTE Y SE CONVIRTIÓ EN CASA
- 21 jun 2016
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Un día el pasto quiso ser gigante... y creció.
Se hiso tan grande que los humanos y otras especies empezamos a vivir en él, luego otros humanos lo prohibieron y casi todos obedecimos.
Pero aún hay quienes siguen siendo amigos del pasto, y no dependerán de una deuda infinita para tener un techo, porque la tierra lo da gratis, porque a la tierra le importa nuestro esfuerzo y no nuestro dinero.
Para sembrar una casa es necesario ser catalogado loco, por los demás. Por aquellos que no siembran nada.

Solo el buen amigo del bambú le da el trato que requiere, y el bambú lo agradece, pues el bambú debe caer cuando cae la luna y la marea. Si se es lo suficientemente loco como para creer y cuidar eso, la casa estará al mismo tiempo que otras personas pagan el 6 % de su deuda.
Pero mientras los cimientos sean fuertes, la casa que construiremos no se caerá, y podremos vivir confortablemente en ella. Y cuando eso pase, quizás influencie a otras personas y se genere una cadena de locura colectiva, que nos beneficie a todos.
Así como el bambú se abraza a sí mismo para crecer más allá de la copa de los árboles, los humanos debemos trabajar colectivamente para hacer que las cosas sucedan y puedan crecer más allá de la propia imposición humana.
Y eso no es fácil, pero es posible.





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